Jueves, 15 de Noviembre de 2018
26.10.2018
los desafiós del nuevo sindicalismo: Las luchas socioambientales también son nuestras luchas
Por Cristian Cuevas Zambrano

En tiempos de ampliación destructiva del capitalismo y de sus procesos productivos, que hoy día profundiza el modelo extractivista generando graves daños a comunidades de nuestro país, es necesario preguntarnos ¿cuál es el rol de los/as trabajadores/as en las luchas socioambientales?

Hemos visto cómo diferentes comunidades se ven afectadas por la depredación a ultranza del capital, generando estragos en los territorios donde se desarrollan estos proyectos productivos. Ejemplos como Tocopilla, Calama, Freirina, Coronel, Quintero-Puchuncaví, por nombrar sólo algunos, nos muestran la dramática situación que viven los mismos sectores de siempre, la gente sencilla, la gente común y corriente, los y las trabajadores de este país. Estos conflictos son la evidencia del enfrentamiento entre el capitalismo depredador y las comunidades, en una lucha asimétrica donde los sectores menos poderosos han sido denominados tristemente como Zonas de Sacrificio.

Estas consecuencias por cierto que afectan directamente a los/as trabajadores/as, que paradójicamente somos quienes desarrollamos estos procesos productivos y quienes laboramos bajo contratos precarios o subcontratados. Para nosotros/as no existen garantías ni derechos, tanto en lo que respecta a un trabajo digno como a vivir en un ambiente libre de contaminación, algo que incluso la misma constitución hecha en dictadura establece.

Este enfrentamiento aún no presenta soluciones efectivas, aún los conflictos se desencadenan y profundizan y, por lo visto, seguiremos presenciando crisis y emergencias ambientales en territorios con grandes empresas, pero con población empobrecida. Ya no es posible –como hace cincuenta años- plantear la disyuntiva entre empleo o protección ambiental, entre mayor desarrollo o preocuparnos por el entorno, puesto que hemos visto que la instalación de industrias o empresas extractivas no impactan necesariamente en la generación de empleo o en mejoramiento de la calidad de vida de dichos territorios. Según informes de COCHILCO, la empresa minera –una de las principales responsables de conflictos socioambientales- representa solo el 2,59% del total de empleos a nivel nacional. Mientras tanto, las comunidades vecinas a los cordones industriales o a actividades extractivas, presentan altos niveles de pobreza y desocupación: Tocopilla 11,1%, Calama 5%, Freirina 13,8%, Coronel 14,5%, Quintero y Puchuncaví ,15%.

Entonces ¿dónde queda la riqueza extraída desde estos territorios y sus trabajadores/as? La reflexión es compleja, sabemos que no basta con exigir el cierre de las industrias, sino con diseñar de manera estratégica y democrática los caminos de desarrollo para cada territorio, con participación vinculantes de quienes los habitan. Y en ese diseño el rol de los/as trabajadores/as es crucial.

Por ello, el debate hoy día es sobre el papel que debemos jugar los/as trabajadores/as organizados, ¿Dejaremos de ser la mano esclava que produce el beneficio para ese capital o le haremos frente para, en conjunto con las comunidades y organizaciones sociales, generar una propuesta que proyecte un nuevo modelo de desarrollo? ¿Podremos incidir en la construcción de un nuevo Estado que garantice la protección de las mayorías, no como hoy día ocurre, donde las situaciones de crisis han evidenciado que tenemos una institucionalidad subordinada al capital y a las transnacionales?

La reflexión que debemos hacer dentro del instrumento sindical en construcción, es cómo nos hacemos parte de estos problemas, dejar de oponer la defensa de la vida y la salud a la obtención de empleos. No podemos pelear por empleos a cualquier costo. Ya no es suficiente descansar en que otros darán esas batallas, como si no nos afectarán directamente. Las luchas socioambientales son principalmente las luchas por el derecho a una vida digna, y eso nos compete a todos/as nosotros/as y nuestras familias.

Debemos reflexionar ante la necesidad de construir sindicatos que jueguen un rol político, con una mirada de país que permita proyectar ese horizonte posible. Para ello se requiere superar la actual situación de estancamiento. Necesitamos un nuevo sindicalismo que sepa abordar y dar respuesta a las necesidades y urgencias que hoy día vive el pueblo trabajador, un sindicalismo basado en la unidad y en la democracia.

No basta con que se ejecuten políticas de mitigación y compensación a los daños ocasionados. Para nosotros se abre una oportunidad de buscar nuevas relaciones de producción que permitan no sólo generar sino también redistribuir de manera justa la riqueza de nuestro país. Los y las trabajadoras debemos ser garantes de ese proceso, para que no se sacrifiquen comunidades locales por riquezas nacionales.
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