Jueves, 19 de Julio de 2018
26.12.2016
Carta Abierta de la Familia Henríquez-Kries al Ministro de Justicia Jaime Campos
A continuación hacemos pública la carta de Daniel Henríquez Kries -hijo de Hernán Henríquez Aravena, una de las víctimas de la dictadura- dirigida al Ministro de Justicia Jaime Campos, a propósito de la revelación de que el hermano del ministro estuvo involucrado en su muerte y la de otras personas contrarias al régimen.

Carta abierta de un cobarde al ministro Campos

Señor Ministro,

Le ruego perdonar mi falta de coraje al dirigirle mis palabras desde un lugar seguro ubicado al otro lado del océano.

Le debo además mis disculpas por no pertenecer a aquel selecto grupo de personas que han tenido la valentía de plantear beneficios y excarcelaciones para quienes han sido juzgados, condenados y encarcelados por crímenes de lesa humanidad por el poder judicial chileno, por los cuales Usted ha mostrado una tan grande y noble preocupación en nombre de la humanidad y compasión.

Aquellos valerosos hombres, decididos a exterminar el mal de nuestras tierras chilenas en una época en la que yo era un niño, han sido protegidos por el afable paso del tiempo y el curso de su propio reloj biológico. Los protegió de la humillación a la que fuera sometido tan injustamente el convaleciente de Londres.

La misma fortuna de evadir la justicia por lo tardía de su actuar, tuvo su hermano Ángel Campos Quiroga, quien fue condecorado y admirado por sus pares (ascendió a General y Director de Inteligencia de la FACH). Similar trato recibió de sus colaboradores civiles, entre los que se encuentra Usted, que lo entronaron como Jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional (durante el gobierno de Ricardo Lagos cuando Usted era ministro de Agricultura) por sus servicios prestados a la patria, la misma de la que fui expulsado con dos años y medio de edad, ya huérfano de mi padre asesinado en octubre de 1973.

Es en ese momento en que se entrelazan nuestras historias, señor ministro, y le vuelvo a pedir disculpas por mi temeraria actitud hacia Usted y su hermano.

Soy hijo del Dr. Hernán Henríquez Aravena, médico salubrista, Director Zonal del Servicio Nacional de Salud de las Provincias de Malleco y Cautín al momento del golpe de Estado.

Su crimen fue ser fiel al juramento hipocrático y obrar como médico consecuente con el pueblo más postergado, la población rural, muchos de ellos pertenecientes a la nación Mapuche. Fue, junto a otros profesionales de la salud, responsable de poner en marcha un programa de Salud Rural que hizo posible una atención de salud oportuna y de calidad.

El esfuerzo del gobierno de entonces y el programa de salud, por lo demás, fueron reconocidos por la OMS en su reunión de junio de 1973 en Bethesda, EE.UU.

Gracias a un trabajo sin precedentes del Ministro en Visita para Crímenes de Lesa Humanidad, Alvaro Mesa, hoy sabemos un poco más de lo ocurrido con los profesionales que integraron este equipo de salud. Señor Ministro Campos, si aún no se ha enterado se lo explicaré con toda sencillez, fueron exterminados todos: el enfermero Gastón Elgueta, el Doctor Eduardo González Galeno, director del Hospital de Cunco, mi padre Hernán Henríquez Aravena, el Doctor Arturo Hillerns Larrañaga, director del Hospital de Puerto Saavedra y el profesor de Salubridad Jécar Neghme.

Tan eficaces fueron los uniformados que contaban con todo el poder del Estado al ensañarse con mujeres y hombres indefensos, que todavía no sabemos si debemos mirar hacia la cordillera de los Andes o dirigirnos al mar frente a Puerto Saavedra para llorar sus restos.

Establecido está y consta para el lector interesado en los expedientes de la investigación, que uno de aquellos nobles uniformados que además fuera identificado como uno de los torturadores más temidos, es su hermano, entonces teniente de la FACH, Ángel Campos Quiroga.

Lo anterior lo escribo por si lo olvidó y le vuelvo a pedir perdón, porque así como ocurrió en la Alemania después de la derrota de los nazis, usted como otros civiles, no sabía nada de nada y menos era capaz de imaginar que su compañero de juegos de infancia había sido tan decidido protagonista de nuestra historia.

Hasta hace poco su silencio lo protegía de ser mencionado en relación al criminal de su hermano.

Ante la evidencia de su parcialidad (que se desprende de sus palabras vertidas en una entrevista publicada en el diario El Mercurio el domingo 11 de diciembre), este cobarde que le escribe le pide un audaz gesto de coherencia: el de su renuncia a todo cargo público y sus disculpas por haber soslayado los crímenes cometidos por su hermano (cuyos actos fueron denunciados ante juramento) a la hora de abogar por la impunidad (encubierta) de los criminales.

Atentamente,
Daniel Henríquez Kries

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