Lunes, 21 de Mayo de 2018
COLUMNAS
La lucha de los trabajadores y trabajadoras subcontratistas en Chile
05.09.2014

Por Equipo Fundación Emerge

Al observar la realidad, sin estar en el día a día del quehacer organizacional de los trabajadores y trabajadoras, me permito reflexionar sobre la lucha que golpea el centro neurálgico del modelo económico neoliberal en Chile: La subcontratación.

Ha pasado casi una década del surgimiento del movimiento de trabajadores contratistas que irrumpió con una fuerza nunca antes vista, sólo parecida a la existente antes del Golpe Militar del 11 de septiembre de 1973. Era el nacimiento de un nuevo sujeto social que comenzaba a constituirse como respuesta al abuso y a la discriminación que viven miles de hombres y mujeres de trabajo y que hoy es parte del imaginario colectivo de nuestro país.

Para comprender la emergencia es necesario revisar algunos datos claves en el proceso de subcontratación en Chile. Tal como lo indica el economista y académico Orlando Caputo, en el año 1981 los trabajadores de planta de Codelco eran 28.000, reduciéndose a 18.000 al año 2006. Mientras un proceso inverso se desarrolló con los trabajadores contratistas. En 1995 estos trabajadores eran 9.000 y al año 2006 alcanzaron los 24.000 subcontratados.

En el año 2003, enfrentando un proceso sostenido de externalización de Codelco, nuestros compañeros en Rancagua agrupados en el Sindicato SITECO emprenden los primeros pasos en la lucha reivindicativa del sector. De igual forma, se comienza a generar una incipiente organización en Los Andes, El Salvador y Calama. En abril de 2004 avanzamos en una construcción más orgánica constituyendo en la Comuna de Caldera la Coordinadora Nacional de Trabajadores Contratistas (CNTC), organización superada con la constitución de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) en la Comuna de Machalí, un 8 de junio del 2007.

Eran los años de la “democracia de los consensos” donde debíamos organizar a los trabajadores clandestinamente, en los socavones de la mina, en sus túneles, en los casinos, campamentos, en la misma calle o en la población. Así, poco a poco comenzó a surgir este justo e invencible movimiento. Era un proceso casi similar, sin buscarlo, a quienes nos precedieron en el salitre y el carbón, a principios del Siglo XX, viviendo condiciones similares en lo laboral y social, guardando las proporciones a más de 100 años de política e histórica distancia.

La constitución de este nuevo sujeto social fue una construcción silenciosa, subterránea, mística. Una creación que lidió con la fragmentación del movimiento sindical, su despolitización y su adoctrinamiento a un modelo que buscó desmantelar los derechos de trabajadores y trabajadoras durante la dictadura cívico – militar y más tarde en la “democracia consensual”.

Nosotros éramos los hijos de esa dignidad extraviada, hijos que no olvidaban las luchas heroicas de nuestros padres, madres y abuelos, abuelas. Nosotros éramos quienes resistíamos el implacable modelo depredador de la vida humana y de nuestros recursos naturales, éramos trabajadores autodidactas, donde los más ilustrados ocupan la tecnológica y la informática para difundir las ideas. Éramos capaces de cruzar desiertos y llanos en tiempo fugaz, recorriendo las huellas que dejaron indelebles quienes construyeron los cimientos de la lucha obrera en Chile.

No era posible entender que en el Siglo XXI, en un Chile que se encaminaba al desarrollo, permitiéramos que este modelo económico, que arrasaba con la dignidad y los derechos de millones, fuéramos incapaces de rebelarnos y movilizarnos. Así, este susurro comenzó a ingresar -haciendo sentido- en la conciencia de nuestra clase. Éramos trabajadores contratistas de la minería, forestales, salmoneros, retail y de los servicios que vivíamos los impactos negativos del supuesto desarrollo, un supuesto que nunca llegó a los trabajadores y trabajadoras.

Hoy, a casi una década de esta gesta, los trabajadores y trabajadoras siguen esperando. Se dice que no se puede avanzar en Reformas Laborales y en una Nueva Institucional Laboral porque se viene una nueva crisis. Todo se justifican con la desaceleración y otros efectos que provoca o provocaría el modelo. En ese contexto nos preguntamos: ¿Cuándo les tocará a los Trabajadores? ¿Cuándo será el día que seamos esa fuerza acerada, capaz de superar las conquista de la migaja? ¿Cuándo tendremos esa voz propia para avanzar en unidad, siendo el interés colectivo el que nos movilice?

En este nuevo escenario resulta -ética y moralmente- reprochable que quienes en sus responsabilidades sindicales y políticas anuncien “atacar con fuerza el tema de la subcontratación en Codelco” porque sería “un fracaso internalizar un montón de aéreas para no ir perdiendo Know How”, según declara Raimundo Espinoza, Presidente de la Federación de Trabajadores del Cobre.

Quién más que nosotros podemos estar de acuerdo con esta aseveración, realidad que conocemos, pues hemos denunciado, movilizado y visibilizado por años este abuso. Nosotros, los trabajadores contratistas, hicimos nuestra la consigna: “A igual trabajo, igual salario”, reflejando la realidad que vivían millones de trabajadores mas allá de la industria minera. Nosotros fuimos quienes exigimos el fin del subcontrato como forma de precarización de las relaciones laborales. Nosotros fuimos quienes rechazamos y denunciamos los contratos integrales en Codelco que es un gran negociado para las mega empresas, coludidos con ejecutivos de la estatal y privados, aplastando a la pequeña y mediana empresa local y nacional, aumentando sus costos y no entregando los resultado que la empresa de todos los chilenos debiera obtener.

¿Quiénes han sido los principales aliados de la jibarización, la amplia externalización y precarización del trabajo en Codelco? Una situación que no tan sólo afecta a los trabajadores subcontratistas, sino que también golpea a los trabajadores de planta a través de los denominados contratos precarios. Trabajadores de planta sin los mismos derechos que sus compañeros, pareciera un mundo, un Chile al revés. Hoy, en Codelco son más de 30.000 los trabajadores contratistas y subcontratistas en contratos permanente, cerca de 20.000 de proyectos y de planta alrededor de 19.000 de los cuales, más de 4.000 son supervisores.

Los que ahora -supuestamente- atacan la subcontración son los mismos que obstruyeron la internalización de cientos de trabajadores contratistas y subcontratistas el año 2008, después del dictamen de la Dirección del Trabajo que orientaba a corregir esta situación no tan sólo en Codelco, sino también en la industria privada del cobre. Fueron ellos, a través del Consejo Minero y sus aliados políticos transversales, quienes se resistieron a acatar esta resolución.

La Ley de Subcontratación -vigente desde enero de 2007- implicó internalizar cerca de 5.000 trabajadores, de ellos a lo menos 700 eran de Escondida. La decisión de apelar judicialmente fue realizada por el directorio de Codelco con participación de los ministros de Estado de Hacienda y Minería. Solicitaban que la Corte Suprema declarara que “la Dirección del Trabajo se había excedido en sus atribuciones, en tanto no estaba facultada para decidir la legalidad de los contratos en una subcontratación laboral”. El argumento tocaba la forma y evidenciaba que, en el fondo, la internalización de los trabajadores, no debía ser tocado.[1]

¿Dónde estuvieron los que hoy llaman a terminar con el subcontrato? Estaban escribiendo nóminas para incluir a sus hijos, familiares y/o amigos pagando así los favores para evitar que el contingente más consciente del mundo de los trabajadores, es decir los contratistas, asumieran esas funciones que por años han desarrollado. Fueron estas acciones y abusos lo que provocaron las rebeliones de los años 2006, 2007 y 2008 en el primer gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet.

Los trabajadores contratistas y sus organizaciones no pueden permitir que quienes han sido parte de estas decisiones nefastas, que no tan sólo han golpeado a los trabajadores contratistas, sino también a compañeros de planta, siendo parte del Directorio de la Estatal, hoy pretendan atribuirse acciones que nunca lideraron, que nunca les interesó, y que nunca han sido generosos en el trato con sus hermanos y hermanas de clase.

Por tanto, cualquier acuerdo de internalización en la Estatal Codelco Chile pasa necesariamente por los Trabajadores Contratistas liderados por la Confederación de Trabajadores del Cobre y por las diversas organizaciones que desarrollan trabajo efectivo y no por orgánicas útiles a la obstrucción de los avances de los trabajadores y trabajadoras.

Finalmente, importante es señalar que cualquier acción distinta obligaría a movilizarse unidos, desde múltiples frentes y escenarios, retomando la lucha que nos caracteriza, conquistando nuestros derechos y recuperando la dignidad que merecen los Trabajadores y Trabajadoras del Cobre en Chile.


[1] “En términos generales el fallo concluye en que los fiscalizadores incurrieron en actuaciones arbitrarias e ilegales que afectan la garantía constitucional contemplada en el Art. 19, Nº 3, inciso 4º de la Constitución Política de la República, por cuanto, se arrogaron facultades propias y excluyentes de los Tribunales del Trabajo”; “que además de constatar hechos han llegado a una conclusión jurídica consistente en establecer la existencia de contratos de trabajo simulados, para lo cual han procedido a interpretar contratos, facultad que es propia del ente jurisdiccional y no de un ente administrativo y que si bien este último puede interpretar la ley, no le es posible dar por establecidas relaciones laborales; que el órgano fiscalizador debe ejercer sus facultades cuando en sus funciones fiscalizadoras se encuentren frente a infracciones evidentes, claras, precisas y de terminadas a las normas laborales, debiendo limitarse a constatar situaciones fácticas, que indubitablemente configuren infracciones a las leyes laborales; etc”.
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