Viernes, 17 de Agosto de 2018
COLUMNAS
El trabajo como eje articulador de la vida humana
25.08.2014

Por Mauricio Muñoz Flores

El sábado 23 de agosto, el directorio de Fundación Emerge y un grupo de colaboradores, nos dimos cita para discutir e intercambiar ideas en torno a la Fundación, exponer nuestras áreas de trabajo y trazar las directrices que de aquí en más nos planteamos seguir. La puesta en forma de los discursos que allí se articularon nos permitió arribar a la convicción de qué es el "trabajo", aquello nuclear alrededor de lo cual, como fundación, definimos nuestro accionar.

Trabajo y política, trabajo y subjetividades, trabajo y territorio, trabajo y organizaciones sociales, trabajo y medio ambiente, trabajo y diversidad sexual, trabajo y cultura, trabajo y modelos de desarrollo… Pero, ¿por qué trabajo?, ¿qué hace de éste el eje articulador de Fundación Emerge?

En su concepción más amplia y general, el trabajo es inherente a cualquier tipo de formación social. La producción subyace a la existencia humana. Ambas, producción y existencia, están interrelacionadas, son dos momentos determinados de forma recíproca, permanente e históricamente. Los seres humanos, así, nos confirmamos, produciendo y reproduciendo, a través de la creación del mundo objetual, nuestra "realidad".

El trabajo, en virtud de esta creación, transforma su objeto, interviene la naturaleza, extrae y procesa materias primas, utilizando medios de producción -técnica y tecnología- ideados, creados y perfeccionados por los propios seres humanos a través de la misma actividad productiva, con el objetivo primario de generar los medios de vida necesarios para sustentar nuestra existencia como especie. Pero no tan sólo eso. Además, mediante el trabajo se transfiere humanidad a los productos, se modifica paulatinamente la naturaleza de los productores, de los consumidores y del entorno, gestando una especie de "segunda naturaleza", material, simbólica y cultural, producida social e históricamente, que genera, limita, pero también permite y promueve determinadas relaciones sociales, ámbitos de acción y saberes.

Por lo tanto, como la humanidad se constituye a partir de la interacción permanente de los individuos, se puede afirmar que el ser de lo humano es, a partir de la producción, eminentemente social. Las mujeres y hombres producen su vida, los medios para esta y, así, la historia. A la vez, ellas y ellos, son producidos y transformados en este proceso. No son, por lo tanto, entes pasivos, sino que, por el contrario, son seres activos, puesto que se apropian permanentemente de las capacidades, de la técnica, de las ideas y de la producción en general, material e inmaterial, de aquellos individuos que los han precedido y que forman parte de la historia.

El trabajo, desde esta perspectiva, puede ser concebido como el eje articulador de la vida humana en general, pues, en tanto actividad fundamental, es aquello que nos constituye como especie, en un proceso activo y permanente, que se vincula y relaciona con todas las otras dimensiones de la vida. Por su elementalidad, fijar la mirada en la producción y, desde allí, seguir su huella en los diversos espacios sociales se torna imperioso, sobre todo si queremos -y este es uno de los principales propósito de nuestra Fundación- pensar y construir una sociedad distinta, justa, democrática, solidaria y diversa, erigida a partir de la potencialidad del trabajo y la capacidad creativa y transformadora de los seres humanos.

El autor es sociólogo de Universidad ARCIS, Magíster en Sociología ELAP, Doctor (c) en Ciencia Social con Especialidad en Sociología - COLMEX, colaborador de Fundación Emerge

Foto: Papitas Fritas, retrato de Anita Tijoux
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