Lunes, 21 de Mayo de 2018
COLUMNAS
Las cifras ocultas en el debate sobre las huelgas en Chile
01.11.2014

Por Rodrigo Medel y Diego Velasquez
Observatorio de Huelgas Laborales (OHL), Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES)


Si hay un tema que ha generado controversias en el acontecer nacional durante los últimos meses, es el de las huelgas laborales; no sólo por el anunciado fin del reemplazo legal de trabajadores en huelga, sino que también por las múltiples formas en que éstas están expresándose en el mundo del trabajo.

Sin embargo, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de huelga laboral?, ¿una huelga laboral se define solamente como aquella manifestación coordinada dentro de los acotados marcos institucionales que permite la actual legislación laboral chilena? ¿Por qué a una paralización de actividades llevada a cabo por fuera de los procesos de negociación colectiva formal, se le llama mucha veces “paro”, o “movilización”, y no huelga, como en el caso de las paralizaciones dentro de las negociaciones colectivas reglamentadas?

La visión acotada que ha predominado en el debate sobre las huelgas laborales ha llevado a concentrarse en las manifestaciones que la institucionalidad califica como legales, es decir, las insertas en el marco reglado de negociación colectiva, ubicada sólo a nivel de empresa y excluyendo a funcionarios públicos y a trabajadores de servicios estratégicos de la economía. Esto ha tenido como consecuencia la invisibilización de un sector importante de los trabajadores movilizados.

De ahí que una de las principales motivaciones detrás de la reciente creación del Observatorio de Huelgas Laborales (OHL) del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), es la generación de datos que cubran los sesgos de la estadística oficial para dar cuenta fehacientemente de esta realidad, a la vez que sirvan como un insumo potente para la discusión política actual.

Para tal objetivo, hemos decidido trabajar con una definición de huelga laboral más completa y que a su vez dialogue con la literatura sobre relaciones laborales, incluyendo la discusión en el derecho internacional, y que se ajuste a la acción misma de los trabajadores. Por tanto, definimos huelga laboral como “toda acción social de interrupción deliberada del proceso de producción, organizada por un grupo de trabajadores”.

¿Cuál es la realidad de la huelga laboral en Chile bajo esta definición? COES-OHL ha emprendido la importante tarea de sistematizar y analizar de manera integral lo que ocurre con la huelga laboral en nuestro país, registrando también la existencia de la huelga ilegal. A continuación se presentan los principales datos generados sobre el acontecer huelguístico en el cuatrimestre de mayo-agosto del presente año 2014.

En la masa de trabajadores predomina la huelga ilegal

De acuerdo a los datos de COES-OHL, entre el 1 de mayo y el 31 de agosto del 2014, se han llevado a cabo un total de 147 huelgas a nivel nacional. Éstas se distribuyen en 92 huelgas legales (62,6%) y en 55 huelgas ilegales (37,4%). El promedio de extensión de la huelgas de tipo legal fue de 13,2 días, mientras que el promedio de extensión de las ilegales fue de 3,8 días. Sin embargo, si observamos el número de “trabajadores comprometidos” (TC) en cada tipo de huelga, podemos observar que las huelgas ilegales superan por un importante margen a las huelgas legales.



¿Por qué la huelga ilegal se caracteriza por tener a más trabajadores involucrados que la huelga legal? Uno de los factores centrales de esta diferencia, por lo menos en este último cuatrimestre, es que las grandes paralizaciones que involucraron a miles de trabajadores -como las del Colegio de Profesores y la Federación Nacional de los Trabajadores de la Salud (FENATS)-, son llevadas a cabo por organizaciones de carácter gremial, territorial, o por funcionarios públicos, engrosando así significativamente la cantidad de masa movilizada por la vía ilegal.

¿Dónde se ubican las huelgas?

Los trabajadores se movilizaron principalmente en la Zona Centro y la Zona Centro Sur del país. La región que más destaca con trabajadores movilizados en huelgas es, con amplio margen, la Región Metropolitana (la cual posee aproximadamente el 40% de la Fuerza de Trabajo Ocupada del país, así como la mitad de la masa sindicalizada).



Ahora bien, si desglosamos este dato nuevamente por tipo de huelga, encontramos que en la Región Metropolitana un 85% de las huelgas son legales, y sólo un 15% de ellas ilegales. En el resto de las regiones, por otro lado, el 44% de las huelgas son legales y un 66% de ellas ilegales. Finalmente, en las huelgas multirregionales un 90% de ellas son ilegales. Esta relación inversa entre Región Metropolitana y el resto de las regiones no es sino un reflejo de dos realidades laborales diferenciadas -tal como lo han mostrado sistemáticamente otros estadísticos laborales- que nos muestran a trabajadores con distintos niveles de inserción y, por ende, con distintas posibilidades de acceder a sus derechos de acción colectiva.

Las huelgas ocurren en las grandes empresas

Al analizar la cantidad de huelgas según el tamaño de empresa (Gráfico 2), se observa que la concentración de huelgas se ubica en la gran empresa por amplio margen, con un 79%, seguida por la mediana empresa, con el 14% de los casos. Este porcentaje decreciente de eventos huelguísticos según el tamaño de empresa se corrobora con la tesis recurrente dentro de los estudios sindicales, a saber, que el sindicalismo chileno se concentra mayoritariamente en la gran empresa.



Además se observa que las huelgas de este periodo se sitúan principalmente en las industrias manufactureras y en la enseñanza (16,2% en ambos casos), transporte, almacenamiento y comunicaciones (15,5%), y en el comercio (14,8%).

Ahora bien, al desagregar las huelgas por su condición de legalidad en cada rama de actividad económica, podemos apreciar una distinta composición entre ellas: las huelgas legales se concentraron principalmente en la industrias manufactureras (26,1%), comercio (20,5%) y en la enseñanza (12,5%), mientras que las ilegales se produjeron en mayor medida en la rama del transporte, almacenamiento y comunicaciones (29,6%), enseñanza (22,2%) y en servicios sociales y de salud (22,2%).

Ampliemos la mirada

Los datos presentados muestran claramente que hay una tendencia de los trabajadores que se movilizan en Chile a situarse por fuera de los márgenes institucionales, llevando a cabo huelgas ilegales que resultan ser en promedio cerca de 25 veces más masivas que las legales en cuanto a trabajadores involucrados.

Si la legalidad de la huelga resulta clave para entender el fenómeno en el Chile actual, vale la pena preguntarse ¿por qué el actuar deliberado por fuera de la institucionalidad -algo poco común en Chile- sucede con bastante frecuencia en el mundo laboral? ¿Qué sucede con nuestras relaciones laborales que motivan la emergencia de tal forma de acción colectiva ilegal, paralela a esa forma huelguística acoplada al Código del Trabajo?

Nuestra constatación es que este poder creativo de los trabajadores, ideando su propia forma de llevar a cabo la huelga cuando el Código del Trabajo restringe sus posibilidades de movilización, es la contracara de los trabajadores a los que todavía les reporta utilidad el derecho a huelga legal vigente de Chile. Es decir, podemos encontrar una contradicción entre dos tipos de trabajadores: unos más apegados a las antiguas formas de trabajo y sindicalismo, y otros que reinventaron sus acciones a partir de las restricciones del marco normativo.

En este sentido, los sindicatos de las grandes empresas privadas son los que están con mayores posibilidades de hacer valer su derecho a huelga legal, mientras que la gran mayoría de los trabajadores del país (pequeñas y medianas empresas; externalizados, subempleados, trabajadores informales, etc.) carece de oportunidades para ello.

Los datos de huelgas laborales permiten observar cómo la desigualdad social se produce y reproduce en el mundo del trabajo. Por lo tanto, consideramos que la discusión sobre el acontecer huelguístico no debiese orientarse a cómo afinar el derecho a huelga en su parámetro actual, sino que centrarse en que la huelga como instrumento legítimo de fuerza posea mayor libertad respecto de sus ataduras institucionales y económicas, haciéndose así, en definitiva, un instrumento más transversal a lo largo de toda la fuerza de trabajo nacional.
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