Domingo, 18 de Febrero de 2018
COLUMNAS
¿En qué estado se encuentra Chile para enfrentar la transición demográfica?
28.10.2014

Por Felipe Ponce Bollmann *

La sociedad chilena se encuentra hoy de cara a fenómenos inéditos, que en otros tiempos los países del viejo continente ya habrían enfrentado con menor o mayor fortuna. El declive de la tasa de natalidad y el aumento exponencial de la esperanza de vida en Chile, han suscitado nuevas preguntas acerca del estado en que se encuentra la institucionalidad chilena para enfrentar estos desafíos.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas INE, actualmente una de cada diez personas pertenece al grupo Adulto Mayor y se espera, asimismo, que esta proporción para el año 2025 sea de uno por cada cinco. De hecho, si miramos el índice de Dependencia Demográfica, esto es, la razón entre la población potencialmente dependiente (menores de 15 más adultos mayores) y aquella potencialmente activa (resto de la población), que evoluciona según los cambios en el tiempo de la estructura por edad, registró según el INE en el año 2010 un saldo de 54,5% de población dependiente, y para el 2020 se espera que aumente a un 60%.

Los demógrafos enmarcan el proceso de envejecimiento (incremento de la esperanza de vida), la paulatina disminución del índice sintético de fecundidad (que en Chile se sitúa en promedio 1,9 hijos por mujer en edad fértil, mientras que en 1990 eran 2,66), el descenso de la mortalidad, en la llamada Transición Demográfica (en adelante, TD) pero ¿dónde situarnos? La primera TD se caracterizó por elevadas tasas de natalidad, cuestión que había enfrentado la sociedad chilena en la década de los 60’ con un promedio de 5,5 hijos por mujer en edad fértil. En este siglo nos vemos de cara a los desafíos demográficos que viven los países desarrollados, aunque presenta dos importantes diferencias: a) En América Latina el cambio fue abrupto a diferencia de Europa que fue 2 o 3 veces más lento, y b) La institucionalidad neoliberal chilena desde luego no enfrentará de la misma forma que Europa los desafíos que nos presenta esta nueva etapa de Transición.

La tendencia decreciente de la población en Chile, con una tasa de incremento natural del 0,9%, y que, aún más importante, ha pasado de un saldo migratorio negativo en la década de los 90’ a un saldo actual de 0,3 por mil habitantes, añadiendo el descenso de la tasa de jóvenes menores de 15 años, nos permite preguntarnos si acaso estamos en el umbral de la Segunda TD. ¿Qué significa dicho hito? A pesar de que haya aumentado significativamente la población longeva, el saldo migratorio a favor y la disminución durante estos lustros de la población menor de 15 años nos pone ante un prometedor momento histórico que cada 20 años en promedio vive un país, esto es, el bono demográfico, es decir, el momento en que la población en edad productiva es mayor que la dependiente, por lo que el potencial productivo de la economía es superior.

¿Está Chile preparado para aprovechar ese potencial?

La CEPAL sugiere que para aprovechar el bono demográfico se debe ampliar la cobertura educativa, la inserción de los jóvenes en el mercado de trabajo, la inversión en capital humano y dejar de ser exclusivamente una economía del sector primario; y algo que muy poco han dicho los especialistas: ¡Necesitamos más inmigrantes!, pues la mayoría de ellos ayudan a levantar el inevitable declive poblacional y, de igual ponderación, inmigran en edad productiva.

No obstante, mirando el futuro, el primer obstáculo es el sistema de previsión social (no de seguridad) social que a todas luces no favorece el escenario futuro de los pensionistas en Chile (a diciembre de 2013, el sistema privado pagó 1.031.207 pensiones cuyo monto promedio fue de $183.213), y por otra parte no se ajusta a la situación demográfica actual, puesto que si esos son los fondos que pagó el sistema de pensiones en una sociedad cada vez más longeva, las pensiones serán más bajas; y, por último, el segundo obstáculo está vinculado a las dificultades que enfrenta el sistema político chileno de llevar a cabo las reformas sociales mínimas que Chile requiere para aprovechar al máximo este potencial productivo, y en especial urge reformar y transitar de un sistema de capitalización individual a otro sistema que garantice los futuros pensionistas una mejor calidad de vida.

* Estudiante de sociología, Universidad Complutense de Madrid
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